Endeudamiento Mórbido: La Gordura Financiera que Ahoga a Colombia
CONTENIDO:
- Cifras que enferman: Radiografía del Endeudamiento Mórbido en Colombia
- De Manuel Uribe a los hogares: La anatomía de la "gordura financiera"
- El impacto oculto: Productividad, salud y las deudas silenciosas
- Más allá del IMC: ¿Cuál es su "Índice de Masa Crediticia"?
- La dieta financiera: Herramientas y disciplina para salir del ahogo
- La geometría de las decisiones: ¿Celular nuevo o libertad financiera?
- Reflexión final: Si yo puedo, tú también puedes
- Finanzas Conscientes: De la Deuda Mórbida a la Salud Financiera
La Superintendencia Financiera de Colombia y el Banco de la República dibujan un panorama de dos caras para 2026, donde la salud física y la económica de los colombianos convergen en una crisis preocupante. Mientras el 64% de los adultos colombianos padece sobrepeso u obesidad según el World Obesity Atlas, un porcentaje alarmantemente similar de hogares navega por lo que podríamos describir como una “obesidad financiera”: un nivel de endeudamiento tan severo que compromete su futuro y su capacidad productiva.
Este fenómeno no es una casualidad estadística. Ambas condiciones, el exceso de peso corporal y el exceso de deuda, prosperan en patrones de consumo descontrolado, negación de las consecuencias a largo plazo y una marcada falta de autodisciplina. La historia de Manuel Uribe Garza, el hombre que llegó a pesar 597 kilos, sirve como una cruda metáfora de cómo una acumulación gradual puede llevar a un punto de no retorno, una situación que, lamentablemente, muchos colombianos replican en sus finanzas.
Cifras que enferman: Radiografía del Endeudamiento Mórbido en Colombia
Los datos financieros de octubre de 2026 ofrecen una visión contundente. El endeudamiento de los hogares colombianos, medido como la razón deuda-a-ingreso, se ubicó en un 24.9% en junio de 2026. Aunque esta cifra pueda parecer manejable en una primera lectura, la realidad esconde profundas complejidades. El Banco de la República, a enero de 2026, registraba un endeudamiento promedio equivalente al 31.3% del PIB de los hogares, una tendencia alcista que enciende las alarmas de los analistas.
Pero la verdadera tragedia se manifiesta en los estratos de menores ingresos. He cubierto casos donde familias, desesperadas, recurren al crédito informal. El famoso “gota a gota” no solo es ilegal, sino que sus tasas de interés efectivas anuales son de terror: alcanzan un 382.2% anual, superando en más de 15 veces la tasa de usura regulatoria que, para septiembre de 2026, se fijó en 25.01%. Esto no es un préstamo, es una condena a la esclavitud financiera, especialmente para los hogares con ingresos inferiores a un salario mínimo, cuyas deudas promedian 3.7 salarios mínimos. Es una proporción que los atrapa en un círculo vicioso del que es casi imposible escapar sin ayuda externa o cambios drásticos.
Mientras tanto, la salud física no es ajena a esta tendencia. Las proyecciones del World Obesity Atlas 2026 son aterradoras: para 2030, se espera que 27.9 millones de colombianos presenten un Índice de Masa Corporal (IMC) elevado. Un 26% de la población ya padece obesidad clínica, con más del 60% experimentando sobrepeso. La acumulación de kilos es paralela a la acumulación de obligaciones financieras, ambas con consecuencias devastadoras.
De Manuel Uribe a los hogares: La anatomía de la "gordura financiera"
La historia de Manuel Uribe Garza, quien en 2006 fue reconocido como el hombre más obeso del mundo, es más que una anécdota; es una profunda parábola de lo que ocurre en miles de hogares colombianos con sus deudas. Manuel, como muchos, comenzó con un sobrepeso moderado, pero "algo se apoderó de su cuerpo", como él mismo relataba. Cada comida sin control, cada decisión alimentaria irresponsable, sumaba kilos de forma exponencial. Con el tiempo, sus opciones se redujeron drásticamente: no podía levantarse de la cama, su vida se confinó a cuatro paredes y sus relaciones personales se deterioraron. Es una imagen desoladora.
Esta trayectoria es inquietantemente similar a la de un hogar que se endeuda en Colombia. Comienza con un crédito aparentemente manejable: una tarjeta para una compra impulsiva, un préstamo de consumo para "salir del paso". Sin embargo, la falta de disciplina presupuestaria abre la puerta a más compromisos. Cada mes, la deuda crece con intereses capitalizados, cada nueva compra impulsiva añade kilos financieros que la persona, ingenuamente, cree poder revertir algún día. Pero la reversión nunca llega, o llega demasiado tarde.
La deuda, como la grasa corporal en exceso, se convierte en obesidad mórbida. Te roba la libertad de elección, te confina a un círculo vicioso de pagos y, lenta pero inexorablemente, te ahoga. ¿Le suena familiar esta sensación de estar atrapado, de que sus ingresos ya están comprometidos antes de recibirlos?
La responsabilidad personal es un eje central en ambos escenarios. Manuel Uribe, en una manta que lo acompañaba en su histórica salida de la cama en 2007, había escrito: "Si yo puedo, tú también puedes". Este mensaje es vital para quienes luchan con deudas. Los colombianos que confían sus esperanzas a que "algún día" pagarán sus deudas replican exactamente el error de Manuel: creer que el problema se resolverá por sí solo, cuando la única solución efectiva es la acción decisiva, hoy.
El impacto oculto: Productividad, salud y las deudas silenciosas
El sobrepeso y la obesidad tienen un costo tangible y devastador en la productividad laboral. El Foro LR de 2024, en colaboración con estudios de la Universidad CES, cuantificó que el costo de un trabajador con obesidad es 6.3 veces más alto que el de uno sin ella. Para un país como Colombia, esto se traduce en pérdidas económicas concretas y significativas.
En 2023, el sistema de salud colombiano desembolsó 10.2 billones de pesos en enfermedades asociadas al sobrepeso y la obesidad. Los analistas proyectan un aumento anual de 2.47 billones de pesos si la tendencia actual persiste. De cada diez consultas médicas, 6.9 están directamente relacionadas con complicaciones derivadas de la obesidad. Una persona obesa, en promedio, requiere 14 atenciones médicas al año.
Las razones son médicamente irrefutables: la apnea obstructiva del sueño, una comorbilidad común, provoca que los pacientes pierdan un 16.6% más días laborales que la población general, más del doble de ausentismo. Además, el exceso de peso genera osteoartritis en rodillas y columna, y el tejido adiposo actúa como un generador constante de inflamación sistémica, contribuyendo a hipertensión, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. Las entrevistas con usuarios en el sector salud revelan el desgaste físico y mental que esta condición impone.
Pero el problema no es solo físico. La salud mental sufre un colapso paralelo. Estudios de 2024 muestran que las personas con obesidad tienen mayor probabilidad de desarrollar depresión y ansiedad. La depresión, a su vez, está asociada con 12 millones de días de trabajo perdidos anualmente a nivel global, representando un costo de un billón de dólares en pérdida de productividad. En Colombia, donde 9 de cada 10 trabajadores en edad productiva tienen sobrepeso u obesidad, los efectos en el rendimiento laboral son directos y medibles.
Podemos trazar un paralelo con el "presentismo financiero". Un colombiano profundamente endeudado está físicamente en su puesto de trabajo, pero su mente está dividida. La preocupación por los acreedores, la ansiedad ante el teléfono que timbra, el estrés por un futuro incierto, todo esto disminuye drásticamente su capacidad cognitiva y su concentración. Su productividad mental cae, impactando no solo su carrera sino también a la empresa. La inversión en educación y disciplina financiera, como la inversión en salud mental, puede generar retornos exponenciales en tranquilidad y eficiencia.
Más allá del IMC: ¿Cuál es su "Índice de Masa Crediticia"?
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el Índice de Masa Corporal (IMC) como una herramienta crucial: peso en kilogramos dividido por el cuadrado de la altura en metros. Un IMC entre 18.5 y 24.9 se considera normal; entre 25 y 29.9, sobrepeso; y 30 o superior, obesidad clínica. La obesidad mórbida comienza a partir de un IMC de 40. Manuel Uribe, con sus 597 kilos, habitaba un territorio de IMC de 64, una condición extrema.
El problema en Colombia es que ese 64% de la población adulta con IMC elevado no siempre está consciente de las implicaciones o no toma acciones preventivas. Las recomendaciones de la OMS son sencillas: 150 minutos semanales de actividad física moderada, una dieta rica en fibra y proteínas magras, evitar ultraprocesados y azúcares, y buscar asesoría profesional. Sin embargo, en Colombia, solo el 51.1% de la población cumple con la actividad física mínima recomendada.
Si trasladamos este concepto al ámbito financiero, ¿cuál sería nuestro "Índice de Masa Crediticia"? No existe una fórmula oficial, pero podemos construirla a partir de indicadores como la relación deuda-ingreso (DTI), que mide el porcentaje de los ingresos mensuales destinado a obligaciones financieras. Un DTI superior al 40% podría considerarse un semáforo rojo. O el porcentaje de ingresos que se va en el pago mínimo de tarjetas de crédito. Un "IMC financiero" elevado significa que su capacidad de maniobra, su libertad de decisión, está seriamente comprometida. Es como tener un exceso de peso que limita el movimiento.
La realidad es que muchos desconocen la profundidad de su propio endeudamiento. ¿Se ha preguntado cuánto dinero gasta realmente cada mes en intereses y cuotas de sus obligaciones financieras? Francamente, la tasa del 34% EA en un crédito de consumo promedio supera el 28% EA del mercado para 2026, lo que implica que el costo real de su dinero es considerablemente más alto de lo que cree.
La dieta financiera: Herramientas y disciplina para salir del ahogo
La diferencia fundamental entre quienes logran controlar su peso y quienes no radica en la educación nutricional y la disciplina para aplicarla. De manera análoga, la brecha entre quienes controlan su deuda y quienes sucumben a ella se encuentra en la educación financiera y su ejecución rigurosa. Según el Índice de Inclusión Financiera 2024 de Credicorp, el 75% de los colombianos no ahorra. De ellos, el 54% aduce que "el dinero no le alcanza", y otro 24% confiesa que "todo el dinero lo utiliza para pagar deudas". Esto significa que aproximadamente tres cuartas partes de la población adulta carece de instrumentos básicos de control financiero.
Un presupuesto es al dinero lo que un plan nutricional es al cuerpo: una guía esencial. No es un concepto complicado, pero requiere compromiso: conocer los ingresos (fijos y variables), clasificar los gastos (necesarios y discrecionales), establecer un monto mínimo de ahorro (los expertos de la Universidad del Rosario recomiendan el 10-15% del ingreso) y, crucialmente, adherirse a ese plan. Debe construirse de manera participativa en la familia, con todos los miembros comprometidos. Es la base de cualquier "dieta" financiera exitosa.
La educación financiera en Colombia debe emular la nutricional: entender qué es un producto financiero, reconocer el riesgo inherente a cada decisión de crédito y desarrollar una "cultura de ahorro" que pueda competir con la presión social del consumismo. El Ministerio de Educación, junto con la Superintendencia Financiera, ha impulsado iniciativas como el Día de la Educación Financiera, que en 2026 llevó el lema "Infórmate. Planifica. Decide". Sin embargo, la educación sin disciplina es mera teoría sin práctica. Un presupuesto que no se ejecuta es un plan de dieta abandonado en la segunda semana. La diferencia entre el conocimiento y el resultado es la autodisciplina sostenida: decir "no" a un gasto impulsivo, aplazar la compra de algo no esencial.
Existen herramientas básicas y accesibles que constituyen la "dieta equilibrada" del universo bancario:
- Cuentas de Ahorro Convencionales: Entidades como Banco de Bogotá ofrecen su producto Flexiahorro sin cuotas de mantenimiento y costo cero de apertura. Aunque la tasa de interés es mínima (0.01% efectivo anual), su valor es psicológico y conductual: ver el saldo crecer, por poco que sea, refuerza el hábito del ahorro.
- Cuentas Nómina: Disponibles en toda la banca (Bancolombia, Banco de Bogotá, BBVA, Nu), estructuradas para que trabajadores formales reciban sus salarios con costos reducidos. Su utilidad reside en separar el dinero de subsistencia del de consumo.
- Aplicaciones de Educación Financiera: Plataformas como Miga (Fundación WWB Colombia) permiten calcular el nivel de endeudamiento, diseñar presupuestos y visualizar escenarios. Nu, la fintech de David Vélez, ofrece "cajitas de ahorro" (subcuentas) para objetivos específicos, utilizando el refuerzo psicológico de ver el dinero crecer.
Pero estas herramientas, como un gimnasio de última generación, no adelgazan a nadie si no se usan. La decisión y la acción son irreemplazables.
La geometría de las decisiones: ¿Celular nuevo o libertad financiera?
En la vida de muchos colombianos existe un momento revelador donde el conflicto de la autodisciplina se hace tangible. Es cuando tienen un dinero extra –un bono, una comisión, un regalo– y deben elegir entre dos opciones: comprar el nuevo celular de último modelo, o dedicar esos recursos a liquidar deuda. Esta decisión es idéntica, psicológica y espiritualmente, a elegir entre comer el postre o tomar la bebida dietética. Ambas opciones ofrecen un placer inmediato frente a una abstinencia presente por un beneficio futuro.
Los estudios de comportamiento económico demuestran que, lamentablemente, la mayoría de los colombianos elige el celular. Y esta elección no es irracional desde una perspectiva psicológica inmediata: el celular se ve, se toca, genera dopamina social, la familia lo admira. La deuda reducida, por el contrario, es invisible, abstracta, no genera estatus social, y la mejora "no se ve" de inmediato. Sin embargo, la matemática de las decisiones acumuladas es implacable.
Si una persona tiene $2 millones de deuda con una tasa de usura del 24.9% EA y elige comprar un celular de $1.5 millones en lugar de usar ese dinero para reducir su obligación, está optando por seguir pagando intereses de casi $500.000 pesos anuales sobre ese monto. En cinco años, sin un cambio de disciplina, esa decisión individual se multiplica, y la deuda se perpetúa, manteniendo al individuo en un ciclo de "obesidad financiera".
Es precisamente lo que le ocurrió a Manuel Uribe: cada comida sin control no era simplemente una "mala comida". Era una decisión que, multiplicada miles de veces, lo atrapó en una cama para el resto de su vida.
Reflexión final: Si yo puedo, tú también puedes
Manuel Uribe logró perder entre 230 y 250 kilos trabajando con especialistas y siguiendo la Dieta de la Zona. Aunque no alcanzó su peso ideal debido al daño acumulado, demostró que el cambio es posible cuando existe la decisión firme. De la misma manera, un colombiano endeudado puede iniciar hoy mismo el camino hacia la sanidad financiera.
No será fácil. Requiere decisiones pequeñas pero consistentes: un presupuesto escrito y revisado, el compromiso inquebrantable de no solicitar más crédito, la disciplina de decir "no" al gasto impulsivo, y la humildad de buscar asesoría especializada. El binomio obesidad-endeudamiento en Colombia no es una coincidencia estadística; ambos surgen de patrones de decisión similares: consumo sin disciplina, negación de las consecuencias y búsqueda de gratificación inmediata sin considerar el costo futuro. Y ambos generan trampas progresivas: cada kilo que se gana hace más difícil el siguiente; cada crédito que se contrata hace el siguiente aún más necesario.
Pero el mensaje de Manuel Uribe sigue siendo válido: "Si yo puedo, tú también puedes". Esto, claro, si se toma la decisión ahora, no mañana. El presupuesto, el ejercicio, la educación financiera, la educación nutricional... todas son herramientas disponibles. Lo que falta, en última instancia, es la acción. Y la acción solo comienza cuando se acepta que el problema no es del sistema, sino de decisiones personales que, afortunadamente, pueden ser modificadas hoy mismo.
Cifras de octubre de 2026. Fuentes: Banco de la República, Superintendencia Financiera de Colombia, World Obesity Atlas 2026, Asociación Colombiana de Endocrinología Diabetes y Metabolismo, ANIF, FAO.





